Domingo, 22 de abril del 2012
21 El que recibe mis mandamientos y los cumple,
21 ese es el que me ama;
21 y el que me ama será amado por mi Padre,
21 y yo lo amaré y me manifestaré a él».
27 Mis ovejas escuchan mi voz,
27 yo las conozco y ellas me siguen.
28 Yo les doy Vida eterna:
28 ellas no perecerán jamás
28 y nadie las arrebatará de mis manos.
La alegría espiritual
4 Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. 5 Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. 6 No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. 7 Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.
La santidad cristiana
8 En fin, mis hermanos, todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos. 9 Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes.
15 Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. 16 Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella. 17 Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos, 18 yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán. 19 Hoy tomo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra: yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes, 20 con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.
1 Ellos se dicen entre sí, razonando equivocadamente: “Breve y triste es nuestra vida,
1 no hay remedio cuando el hombre llega a su fin
12 Tendamos trampas al justo, porque nos molesta
12 y se opone a nuestra manera de obrar;
12 nos echa en cara las transgresiones a la Ley
12 y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida.
13 Él se gloría de poseer el conocimiento de Dios
13 y se llama a sí mismo hijo del Señor.
14 Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar
14 y su sola presencia nos resulta insoportable,
15 porque lleva una vida distinta de los demás
15 y va por caminos muy diferentes.
16 Nos considera como algo viciado
16 y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias.
16 Él proclama dichosa la suerte final de los justos
16 y se jacta de tener por padre a Dios.
17 Veamos si sus palabras son verdaderas
17 y comprobemos lo que le pasará al final.
18 Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá
18 y lo librará de las manos de sus enemigos.
19 Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos,
19 para conocer su temple y probar su paciencia.
20 Condenémoslo a una muerte infame,
20 ya que él asegura que Dios lo visitará”.
21 Así razonan ellos, pero se equivocan,
21 porque su malicia los ha enceguecido.
22 No conocen los secretos de Dios,
22 no esperan retribución por la santidad,
22 ni valoran la recompensa de las almas puras.